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El Louis Vuitton que imagina Ghesquiere

octubre 10, 2014Joana Aguirre


Sabemos que el mundo de la moda es como una noria que no para de girar: unos se suben a ella y otros se bajan tras dar varias vueltas. Y eso es lo que ocurrió en París.
Nicolas Ghesquière, que se había bajado de la noria de Balenciaga, ha comenzado una una etapa en Louis Vuitton. Y ese era el escenario: uno de los desfiles más esperados del último año.
Y por eso, París se vistió de gala para recibir a uno de los diseñadores más laureados de la última década. Los nerviosos en la antesala del Louvre, lugar elegido para presentar la colección, eran obvios. No solo por lo que podría presentar Nicolas sino porque Louis Vuitton comenzaba una nueva etapa después de 16 años de éxito con un brillante Marc Jacobs en la dirección creativa de la maison francesa.

Pero nada tienen que ver estas dos firmas de lujo. Mientras que los clientes de Balenciaga son una élite muy concreta, Louis Vuitton fue uno de los pioneros en eso del “lujo accesibles” consiguiendo ampliar el abanico de consumidores gracias a iconos de la casa como el Speedy que tanto reinterpretó Marc Jacobs. 


Aunque Ghesquière pueda ser sinónimo de cambio en la casa francesa, ha dejado claro que la herencia que su “colega” Jacobs le ha dejado merece todos sus respetos. Quizás sea por eso que eligió el Louvre (lugar donde Marc Jacobs presentó todas sus colecciones para Vuitton). Hace unos meses, en los asientos que allí se colocaron, Marc Jacobs se despedía de la maison así como de todos los que le acompañaron en ese largo y glorioso camino a través de una escueta carta. Y en esos mismos asientos es donde Ghesquière colocó una nota mecanografiada en la que anunciaba que “iba a ser un gran día” a la vez que aseguraba “poder honrar el legado de Marc Jacobs, de todo corazón”. 
Última colección de Marc Jacobs para Luis Vuitton
 
Pese a la intención de honrar ese legado, la colección que Ghesquière presentó poco tenía que ver con lo que Marc Jacobs entendía por Vuitton. Nicolas presentó una colección a medio camino entre la mujer joven y deportiva (como siempre lo había hecho para Balenciaga) reforzada por las impresionantes proezas técnicas que caracterizan a Vuitton.

Una sucesión de microvestidos, microabrigos y microfaldas inundaron la pasarela. Las modelos, con prendas ceñidas a la cintura, desfilaron presentando una colección dinámica que pudimos observar a través de leggings y zapatos de tacón bajo. Pero Ghesquiere va más allá y, a diferencia de Jacobs, los escotes pronunciados le dieron ese toque seductor, ese “sex appeal” que tanto le gusta a Nicolas.
Pero lo que no cambia es la riqueza de los materiales usados por Vuitton. Daba igual que fueran vestidos de gran trabajo o minivestidos sencillos, las combinaciones de textura fueron, una vez más, magníficos: paños de cashmere mezclados con cuero, brocados bordados a mano en su totalidad o plumas cortadas al biés recordaron al espectador que el “savoir faire” parisino sigue igual de vivo que siempre sin importar quién sea la cabeza visible de una de las marcas de más éxito de la historia de la moda. 


 

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